La gestión de activos es mucho más que un catálogo o un plan de mantenimiento: es la palanca que impulsa la competitividad, la resiliencia y el crecimiento sostenible de cualquier organización.
La gestión de activos comprende un conjunto de actividades coordinadas para maximizar el valor de los activos a lo largo de su ciclo de vida. No se limita al registro o al mantenimiento correctivo, sino que integra planificación, adquisición, operación, mantenimiento y disposición final.
Se consideran activos físicos (plantas, equipos, flotas), financieros, de información (datos, software), humanos (competencias, liderazgo) e intangibles (marca, propiedad intelectual). La diferencia clave frente a un inventario radica en su enfoque estratégico y en la búsqueda constante de valor.
La familia ISO 55000/55001/55002 establece la referencia internacional para sistemas de gestión de activos. Su actualización de 2024 refuerza el equilibrio entre coste, riesgo y rendimiento, alineado con los objetivos organizacionales y el contexto específico de cada entidad.
ISO 55000 define principios como el liderazgo, la mejora continua y el ciclo de vida del activo, mientras que ISO 55001 detalla los requisitos para un sistema efectivo y ISO 55002 ofrece directrices de implementación.
Cada activo físico atraviesa fases críticas que determinan su contribución al valor y al riesgo empresarial:
Para convertir la visión corporativa en resultados tangibles, la gestión de activos debe alinearse con la estrategia corporativa, garantizando continuidad operativa y cumplimiento normativo. Las políticas establecen principios como valor, liderazgo y priorización entre coste, riesgo y desempeño.
El patrocinio ejecutivo y una cultura de mantenimiento y uso responsable son fundamentales. Definir roles, responsabilidades y mecanismos de gobernanza asegura que cada área asuma su parte de la estrategia.
Un roadmap claro facilita la transición de la teoría a la práctica. Entre los pasos clave se encuentran:
La digitalización potencia la eficacia en cada fase del ciclo de vida. Entre las tecnologías más relevantes se incluyen:
IoT y sensores para monitorización continua de condición y mantenimiento predictivo. Analítica avanzada e inteligencia artificial para anticipar fallos y optimizar planes de mantenimiento. Plataformas en la nube (EAM/GMAO) que ofrecen accesibilidad global, movilidad para técnicos de campo e integración con ERP o sistemas de compras.
La adopción de un sistema de gestión de activos genera mejoras significativas en disponibilidad, costes y riesgos. A continuación se muestran ejemplos de métricas empleadas:
Industria manufacturera: implantación de mantenimiento predictivo basado en sensores, redujo paradas no planificadas en un 30% y alargó la vida útil de equipos clave.
Sector energético: adopción de un sistema EAM integró finanzas y operaciones, permitiendo priorizar inversiones y optimizar el flujo de caja.
Transporte y logística: clasificación de flotas según criticidad y rendimiento, facilitó decisiones de renovación escalonada y redujo costes totales de operación.
Entre los obstáculos más comunes destacan la falta de datos confiables, la resistencia al cambio y la carencia de liderazgo comprometido. Para superarlos, se recomienda:
La implementación de la gestión de activos es un viaje que requiere visión estratégica, herramientas adecuadas y un compromiso organizativo firme. Con un enfoque sistemático y el apoyo de tecnologías emergentes, es posible transformar los activos en motores de eficiencia, innovación y crecimiento sostenible.
Al pasar de la estrategia a la acción, cada paso bien diseñado contribuye a construir una organización más resiliente, competitiva y preparada para el futuro.
Referencias